El entendimiento del impacto físico, emocional y mental que supone la enfermedad se remonta al principio de mi vida ya que nací con psoriasis aguda, heredada de la parte de mi padre, que se hizo crónica según fueron pasando los años. Me trataron diferentes dermatólogos que se limitaron a prescribir cremas con corticoides o a recetar cortisona de forma oral, así pasé los primeros 12 años de mi vida, desesperada, ya que nada funcionaba, acomplejada y con la imagen rota ya que la psoriasis cubría la totalidad de mi cuerpo, incluida la cara. Fueron años muy duros que me han marcado la personalidad hasta el día de hoy. Los dermatólogos a este punto ya me habían dicho que la psoriasis no se cura y que la tendría con mayor o menor fuerza toda mi vida.
Mi madre entonces, hablamos de hace más de 35 años cuando la medicina alternativa no era algo conocido, encontró un médico naturista y homeópata en Madrid, empezó aquí un trabajo de concienciación y comprensión que he mantenido toda mi vida. Lo primero que hizo fue cambiarme la dieta, sólo con este cambio mi cuerpo dio paulatinamente, en el transcurso de 1 año un cambio inimaginable, la psoriasis había desaparecido de casi todo el cuerpo, quedaba en algunas zonas donde se resistía, pero con el tesón y disciplina poco a poco fue desapareciendo. Ha aparecido de nuevo en etapas adolescentes y casi hasta los 30 años de forma intermitente que me llevaron a comprender el impacto que otras áreas tienen en la salud, comienzo un trabajo intenso de gestión de mis emociones, de cómo pienso y como percibo la vida, en este proceso mi psoriasis desaparece completamente, hasta el día de hoy.

Siempre he tenido la necesidad de entender qué es la BELLEZA, supongo que condicionada absolutamente por mi infancia, junto a la intensa necesidad de sentirme aceptada, mi vida se convierte en esa “investigación” y en la “conquista” de lo que me hace a mi bella y única. Después de terminar mis estudios preuniversitarios, decido estudiar estética aunque enseguida me di cuenta me faltaban muchas herramientas para comprender la belleza, ya que cuando estamos en baja forma física, no nos cuidamos, o estamos desmotivados, angustiados, frustrados, tristes, inseguros, enfadados con la vida, esa belleza no se ve.
La intuición me lleva a dirigir la mirada hacia dentro, empiezo a comprender cómo nuestro cuerpo se proyecta en términos de salud, es otra parte fundamental esa proyección de belleza, decido estudiar nutrición, que entiendo en ese momento como pieza indispensable, sin embargo, sentí que seguían faltando elementos, ya que si uno esta triste o enfadado o frustrado o insatisfecho por muy bonito que tenga su físico sigue no siendo “bello” me embarco entonces en una rama de psicología donde me título como coach en gestión emocional y vital. Es aquí donde realmente encuentro el quid de la cuestión, cómo nos percibimos y cómo percibimos o pensamos de nuestro entorno, es lo que nos hace o nos deshace, y es junto al cuidado de lo externo, la pieza fundamental de ese puzzle de la “belleza eterna y duradera”. Y una vez ahí solo me faltaba tener una comprensión más profunda de los factores que contribuyen a la salud en su totalidad, para lo cual estudié naturopatía. finalmente consideré que el circulo estaba completo, aunque, indudablemente, la vida interna es tan compleja, que no deja nunca apasionarme, sorprenderme y motivarme a continuar en este maravilloso estudio de la vida.
Siempre nos hacen ver la herencia genética, como en mi caso, como una “condena” y lo que he aprendido a lo largo de los años es que depende del “terreno” en el que viven las células que la experiencia de la enfermedad pueda oscilar entre 0 y 100 y esto depende mucho de cómo uno actúa. El “terreno celular” se ve afectado no solo por nuestros hábitos nutricionales y de vida también y de forma definitiva por como pensamos sentimos y percibimos la vida. El ejercicio de cuestionar tu manera de hacer las cosas es sufrido, pero tiene innumerables alegrías y satisfacciones y te posiciona en el control de tu vida, te mantiene joven y en mí caso, libre de enfermedad. Llevo más de 20 años sin padecer la psoriasis a pesar de esa información genética heredada.
A lo largo de los años he comprendido que nuestro cuerpo es una unidad indivisible y que todo afecta a todo, nuestros cuerpos físico y energético interactúan constantemente y para alcanzar el bienestar no es solo una cuestión física, si trabajas el cuerpo pero no trabajas el pensamiento y la emoción estarás solo a un tercio del camino, se trata de traer consciencia a cada área de nuestro ser, aunque sin duda una vez que comienzas a trabajar una de tus áreas tiene un impacto positivo en todas las demás.
La sensación tan increíble de bienestar, belleza y control de mí, fue la que me llevó a pensar, que mi propósito de vida era ayudar a todas aquellas personas que quieren un cambio y necesitan un guía, un mentor o necesitan las fórmulas de cómo llevar a cabo la deseada transformación, con el apoyo adecuado.