Vivir satisfecho y en plenitud, implica atreverse a romper moldes, estereotipos y hasta convencionalismos. Quiere decir, que se prioriza en dar forma a una existencia acorde a nuestros valores y necesidades. Lograrlo, pasa por habilitarnos en el llamado “crecimiento personal” donde sabemos tomar las decisiones que nos permitan hacer realidad nuestras metas y deseos. Este recurso y herramienta de vida puede ser útil tanto para desarrollarnos a nivel profesional, como para alcanzar esa plenitud personal en la que nada sobra y nada falta.

No se trata de aumentar el placer y disminuir el sufrimiento. La plenitud, tiene que ver con la autorrealización, con alcanzar un nivel en el cual sentirnos bien con nosotros mismos, percibirnos como personas capacitadas para lidiar con la adversidad, alcanzar el máximo desarrollo, encontrar un significado vital y activar esa autoconciencia con la cual saber cómo reaccionar en cada momento de manera acorde a nuestras necesidades y valores.

No es un proceso sencillo. Alcanzar esa plenitud personal implica tener que trabajar muchas dimensiones psicológicas y emocionales, para lograr, por ejemplo, lidiar con los miedos que frenan los cambios. Es mirar al presente para vislumbrar oportunidades y transformarlas en nuevas rutas de futuro, sin resistencia al cambio y sin actitudes “a la defensiva” o ancladas al miedo. Empoderarse personalmente es entender que, si queremos algo mejor para nosotros, debemos propiciarlo, y que el resultado de este auto trabajo no es otro que la autoconfianza, la autoestima y la libertad personal de autodecisión.