El amor de pareja no es la respuesta a todo, sino un terreno para dar, crecer y hacernos más humanos. Ahora hay un conjunto de demandas emocionales que antes no existían ya que tanto el hombre como la mujer no cuestionaban los roles establecidos, ahora, en cambio, se ha instalado la idea de que la pareja debe ser un todo integral. Esto supone responder ambos a expectativas emocionales, sexuales, físicas, sociales, laborales y hasta filosóficas. Un hecho que puede desbordar a cualquiera.

Por eso los conflictos más comunes en las parejas actuales están relacionados con los límites. Hay confusión en torno a aspectos como la frontera entre la intimidad y la independencia, o entre la libertad y el compromiso, entre otros. Además, la mayoría llegan a la vida adulta sin haber tramitado sus problemas de apego, lo que nos lleva a depender demasiado del otro.

También hay una demanda de plenitud y felicidad que, por supuesto, nadie satisface, ya que eso no está nunca en el otro sino en ti, no se dan cuenta de que el problema está en la demanda misma y no en la pareja. No se cultiva la confianza y también hay muchos límites para entablar diálogos sinceros y auténticos. Falla la intimidad.

O es uno el que protege y el otro quien se deja proteger, convirtiendo a uno de los dos en “más pequeño” con los problemas que eso acarrea, o la familia de ambos toma demasiada importancia y no se produce una diferenciación real de la familia de origen, este constituye uno de los conflictos de pareja más comunes en el mundo.

Por eso cada uno de nosotros tiene que trabajar esos vacíos que pretendemos llenar con el otro para equilibrar emociones, expectativas, compromisos y renuncias, disfrutar de relaciones armoniosas y donde lo que prima es el AMOR por el otro.